23 sept 2005

BEAT GENERATION

Si la beat generation se identificó con algún sonido, fue con el del jazz y los ritmos del bop. La época de oro de Miles Davis, Chet Baker, Charlie Parker, Duke Ellington, Thelonious Monk y demás figuras emblemáticas de ese género, coincidieron con la época en la que los beatniks salieron a recorrer las calles y las carreteras. Y se cruzaron. El espíritu de los escritores y el de los músicos era el mismo.

Los “beatniks” configuraron un nuevo límite cultural, un paso más, que abarca desde el jazz, hasta los principios del arte pop, como también influyeron el discurso y los temas de las nuevas generaciones de escritores. Su continuidad puede rastrearse en autores como Ken Kesey, “Alguien voló sobre el nido del cuco”, o en Henri Chinaski, alter ego de Charles Bukoski, entre otros. Pero esta postura de la resistencia ha sido absorbida por el sistema al que se oponía y Jack Kerouac, su máximo gurú, quien murió con apenas 95 dólares en el bolsillo, es hoy reeditado y sus obras inéditas valuadas en más de 10 millones de dólares. Mientras que Francis Ford Coppola lleva más de una década tratando de filmar “En el camino”, obra cumbre de esta generación.
El termino “beat”, proveniente de “beaten down” que significa derrotado. Fue acuñado por John Clellon Holmes y Kerouac para describir a su generación que vivía en Nueva York a finales de los ’40. El término reflejaba la desesperación frente a una sociedad herida por la depresión económica, las sombras de la Segunda Guerra Mundial y la bomba atómica. Los “beatniks” (cuyo sufijo despectivo “nik” es extraído del idish) optaron por una actitud despojada de las falsas moralidades y nichos sociales, que mostrara al hombre tal cual es, definido por la sinceridad del discurso. Esta celebración del “individuo” que rechaza las posturas políticas por considerarlas opresivas, reacciona contra la aplicación del electroshock o la lobotomía para tratar supuestas “enfermedades sociales”: la homosexualidad y el inconformismo.
Frente al juego de la espontaneidad como forma de vida, y el intento de obtener una respuesta libre de prejuicios sociales, la proclama de Burroughs, Ginsberg y Kerouac demuestra que es posible encontrar otros caminos que se aparten del oficial cuando el “ser” decide imponerse sus propias reglas.
Identidad marginal:En el barrio de Manhattan se encuentra la sede de la Universidad de Columbia, muy cerca del conglomerado de Harlem, donde los Beats descubrieron los ácidos y alucinados acordes del jazz. Un suburbio construido para ser el escenario de marginales y clandestinos. Un paisaje tentador para Allen Ginsberg, que estudiaba Literatura Inglesa, y un Kerouac que representaba los ideales del sueño americano y del anticomunismo en la Universidad. Sus padres le habían inculcado un odio feroz hacia los judíos, los comunistas y ante todo aquello que rompiera con los parámetros de la tradición cultural. Y Ginsberg presumía de ello. Un amigo en común, Lucien Carr, los presentó a mediados de 1944, cuando Allen tenía 17 y Jack 22. Ellos conocieron a un personaje extravagante, William S. Burroughs, que los impresionó con su peculiar combinación de drogas y erudita madurez. Más allá de toda mitología, este hecho puede considerarse como el nacimiento de la “Generación Beat”.A medida que el movimiento iba tomando forma, el Bebop también, especialmente en la calle 52, un muestrario de clubes de jazz que predicaban este nuevo estilo en Nueva York. El Bebop, era innovador, con músicos de la talla de Dizzy Gillespie, Thelonius Monk, Charlie Parker, Max Roach y Miles Davis. Jazz caracterizado por pequeños combos de músicos y grandes alardes de virtuosismo.En estos garitos los Beats mataban el tiempo asumiendo como propios los contenidos frenéticos de Parker o Gillespie. Esta cohesión entre el jazz y los Beats se deriva del propio concepto de derrota, cuyo término Kerouac reformularía con el sentido de “beatitud o santidad”. Pero el jazz significó mucho más que una fuente para ampliar el vocabulario. Les proporcionó también un estilo de vida, una forma diferente para volcar sus procesos creativos en el papel. En su libro “Venice West”, Maynard escribió: “El jazz sirvió como punto de referencia [para los Beats...], de él adoptaron los mitos del artista torturado y solitario, que actúa con otros pero también, muy a menudo, solo.”
Los héroes secretos:Posiblemente, el mejor modelo para explicar los ideales artísticos tanto de los músicos de jazz como de los Beats, se encuentra en la vida y obra de Arthur Rimbaud, poeta francés del siglo XIX, cuya actitud ante el proceso artístico y de comprensión de la vida era muy similar a la que luego adoptaron ambos grupos para sus vidas. Rimbaud, que profetizó la idea del viaje por sobre lo real, comenzó a escribir poesía desde muy joven, y se consumió muy pronto como muchos artistas posteriores. Los Beats lo consideraban como uno de sus “Héroes secretos”, y el “complejo Rimbaud” fue una actitud que compartieron en forma prematura.Los Beats consumían heroína, benzedrina y otras drogas a imitación de los músicos de jazz, esperando que las drogas hicieran en ellos lo mismo que suponían había hecho a grandes del jazz, como Parker. Kerouac escribió su famoso libro “En el camino”, considerado frecuentemente como la obra definitiva del movimiento beat, bajo los efectos de la benzedrina y en sólo tres días. Burroughs usó su dependencia a la heroína como fuente de inspiración para algunos de sus libros como “Yonky” o “El almuerzo desnudo”. En las que se destaca la aplicación del jazz a la prosa, creando un estilo propio denominado “bop prosody”. Kerouac, por ejemplo, se caracteriza por un estilo de prosa surgido de la corriente de la inconsciencia, con frases de gran apertura, y raramente revisadas o puntuadas. Ginsberg, parafraseando la filosofía budista, describe el estilo “beat” como: “El primer pensamiento es el buen pensamiento”. Ya que el ritmo, la métrica y la longitud irregular de los versos era bastante similar a la música jazz. Esta poética se construía en contraposición a las técnicas europeas de vanguardia de principio de siglo. Ginsberg cuenta que alargaba los versos de sus poemas de acuerdo con su propia respiración, y que elaboraba un ritmo sincopado, similar al jazz, propio. Su estilo es reconocible en el poema “Howl”, que comparara luego, en un ensayo de 1959, con las melodías de Charlie Parker. San Francisco, home“En el camino”, Kerouac vincula a la bahía de San Francisco con la idea de un paraíso terrenal para los miembros de la generación beat. Este es uno de los destinos místicos de Sal Paradise, alter ego del escritor, quien imagina escenas de los libros de Jack London y Adam Soroyan, esperando encontrar su libertad espiritual en la Costa Este. Allí Ginsberg, a través de Kenneth Rexroth, trabó conocimiento con Ferlinghetti, Michael McClure, Gary Snyder y Philip Whalen. Hacia fines de 1955, muchos de ellos compartieron una lectura de sus poemas en la célebre Six Gallery. Esta época se conoció como la del Renacimiento de la Poesía de San Francisco, y se considera generalmente como el punto de inflexión a partir del cual la Generación Beat llegó a su máxima expresión.Una búsqueda vital Kerouac, el 23 de agosto de 1948, escribe: “Tengo en mente otra novela ­En el camino­ que no hago más que pensar: son dos tipos que hacen auto-stop con destino a California en busca de algo que realmente no encuentran y se pierden en la carretera”. Junto a ello, aparece su inconformidad con la rutinaria forma de vida de los norteamericanos: “La gente se apresura día tras día para llegar a trabajos sin sentido, malgastan sus almas en cosas como la renta, ropa, gas y electricidad...”.Los beats no practicaron el escapismo sino la resistencia, pero sus devociones no sirvieron para que esta generación de poetas escapara del mundo. Como ya advertía Kerouac en 1959, “la generación beat” no puede reducirse a un lema, ni sus poetas a shamanes a showman, pues los beats y los marginales forman -junto a los dadaístas y surrealistas-, una vanguardia que tuvo muchos orígenes pero que se bifurca por los caminos del siglo XX.
“Desdichados los que no comprenden los ardores del alma humana... Desdichados quienes creeen en el poder nuclear y no creen en la increíble dulzura del amor sexual. Desdichados quienes llevan los cordones de la muerte. Desdichados quienes creen en el horror, la violencia y la confusión que llenan de mierda nuestros libros y nuestras pantallas. Desdichados quienes escupen sobre la generación beat: Un día de estos les caerá encima el salivazo”. He ahí parte del decálogo insurrecto, que Kerouac, Ginsberg y Burroughs vociferaron contra el sistema, que pateó la moral y bebió en exceso, que lejos de la culpa amó sin límites y creyó en la santidad.

DEXTER




A mediados de la década de los ochenta Dexter Gordon fue candidato al Oscar como mejor actor principal interpretando a Bud Powell en la hermosa película de Bertrand Tavernier “Round About Midnight”.

En una frase memorable, fuera del guión original, decía:
“El Bebop lo hicimos los que nos salvamos del ejército”.

Aparecía ya anciano, castigado por las drogas y el devenir de una vida ajetreada, arrastrándose imponente ante la cámara con la voz susurrante y arenosa, tal como llegó a ser su manera de tocar hacia el final de su vida. Y más que recitar o interpretar, daba rienda suelta ante la cámara a sus pensamientos, experiencias y sentimientos acerca del objeto de su vida: el Bebop (de la película publicaré algo más delante ya que es una joya que ningún amante del jazz puede perderse)

El periodo en que acontece la acción del filme es el de los aledaños a la grabación de este disco soberbio: "Our man in Paris"
Es que Dexter Gordon fue uno de los grandes creadores del Bop, del jazz moderno en definitiva. Contemporáneamente a Parker y Gillespie, a menudo con ellos en grabaciones memorables, sabe extraer las consecuencias del trabajo de Bird para adaptarlas al saxofón tenor. Su influencia posterior fue inmensa.Emigrado a Paris a principios de los sesenta, junto con otros de los grandes creadores de la música moderna como los que aquí le acompañan, firma un contrato con Blue Note en 1961, y dos años después graba este disco maravilloso, el mejor de los suyos y uno de los mejores del jazz de todos los tiempos. Una maravilla.
Acompañado por el mejor Bud Powell de su última época, un Kenny Clarke magnífico y un competente bajista francés, Dexter afronta los siete cortes (5 en el LP original) con un empuje, poderío, creatividad y sonido brillantes, intensos y poderosos. Maravilla aún hoy su capacidad para sacar tal gama de sonidos, especialmente en los graves, como la sirena de un barco, de su saxo tenor. Igualmente sus roturas en síncopa de las progresiones entre acordes características del Bop, arriesgadas al comprometer la fluidez del fraseo, se resuelven con una eficacia y energía de impacto. En los tiempos fuertes es soberbio, pero no lo es menos en las baladas, interpretándolas con gran fuerza y sensibilidad.La alegría y el placer que transmite esta grabación son memorables y duraderas. Al fin y al cabo propias de una obra maestra como es.

Leí la frase :"Se salvaron del ejército. A nosotros del aburrimiento"

Yo agregaría Dexter,con tu arte,salvaste al mundo.


Ficha técnica:

Disco: "Our Man in Paris"
Intérpretes: Dexter Gordon, saxo tenor;

Bud Powell, piano;
Kenny Clarke, batería;
Pierre Michelot, contrabajo.
Discográfica: Blue Note

Año: 1963


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