7 mar 2007

HAIKU


Si tuviéramos que elegir una forma literaria a través de la cual pudiéramos expresar con mayor intensidad nuestras emociones, sin lugar a dudas escogeríamos la poesía. El poema es el medio a través del cual la palabra se carga de simbología más allá de contenidos estrictamente literales. La propia belleza de la poesía hace, sin embargo, que no se limite a dejar traslucir emociones y transmita tales sensaciones frecuentemente de forma artificiosa, a través de alardes lingüísticos, utilizando toda fuerza del lenguaje en que está escrita. Como consecuencia, la poesía como forma suele cobrar más importancia que el propio mensaje del poeta, el continente es más importante que el contenido y, en pocas palabras, la poesía cae presa de su propio simbolismo. Si, por el contrario, consiguiéramos desprender a un poema de todo aquel elemento superfluo y estético que le rodea, si pudiéramos aislar su esencia poética y escoger únicamente aquellas palabras que se funden con la verdadera emoción y transmiten el mensaje en toda su pureza, habríamos obtenido seguramente algo semejante a un haiku.

El haiku tiene su origen en el siglo VII, primero en lo que se conoce como Wakka o Tanka - composición poética de origen chino, en cuya estructura y composición se basa el haiku actual, aunque de mayor longitud - y posteriormente en el Renga, composición poética continua formada por la unión de tankas encadenados por varios autores. Se trata de una composición poética sumamente corta - tan solo tres versos carentes de rima de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente- a través de la cual el poeta intenta transmitir una imagen del mundo que le rodea; el sentir del autor en un determinado momento a través de lo que ve y su comparación con el vacío. El haiku se convierte entonces en un detonante de emociones, un despertar de la conciencia: un Satori en lo que se refiere al mundo Zen.

En general, los haikus pueden clasificarse dentro de una serie de grupos temáticos: "Tenmon", o haikus que hablan sobre el cielo y los elementos atmosféricos; "Chiri" o haikus que hablan de la naturaleza, el campo y las montañas; "Jinji" o haikus relacionados con la vida cotidiana y el día a día; "Komi-hotoke", o aquellos que hablan de religión, de dioses o de Buda, "Dobutsu", o haikus que tratan de pájaros y otros animales, "Shokubutsu" que tratan sobre plantas y otros vegetales, y los más comunes, los "estacionales", cuyos contenidos hacen alusión esencialmente a elementos característicos de las estaciones del año. Así, la flor del cerezo o el deshielo son elementos característicos de la primavera, mientras que la escarcha o el sauce son característicos del invierno. El resto de los haikus existentes se clasifican dentro de un apartado de miscelánea, o "Zatsu". Como ejemplo clásico de haiku es conocido el siguiente, escrito por el maestro Bashoo, en un momento de iluminación cuando se encontraba en Edo, meditando junto a sus discípulos:

Un viejo estanque:

se zambulle una rana,

ruido del agua.

En él, podemos ver la composición y el ritmo clásicos de un haiku; un primer verso donde se refleja silencio y quietud. Una segunda línea que hace su aparición la sorpresa, un gesto que rompe el ritmo pausado inicial, para después volver al estado de paz inicial. Como en cualquier manifestación artística Zen, la iluminación puede llegar en cualquier momento. La naturalidad del haiku proviene precisamente de la espontaneidad de su autor.
La aparente simplicidad deL haiku no debe confundirnos; su construcción es un delicado equilibrio entre la opacidad propia de la escasez de palabras y la grandilocuencia del exceso, que impediría comunicar al lector todo aquello que se transmite sin palabras.

Componer un haiku es una labor difícil, a la que se llega tras un dominio del lenguaje y una gran capacidad de elaboración. Bashoo es uno de los autores que con mayor habilidad supo abordar el mundo del haiku. En el ocaso de su vida y viendo cercano su final, ante las peticiones de sus discípulos de que creara un poema de despedida, creó uno de los haikus más hermosos existentes. Su lectura en cualquier caso, incita a la reflexión:


Habiendo enfermado por el camino

Mis sueños merodean

Por páramos yermos.

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