6 oct 2007

PROMESA CUMPLIDA

Jimmy Smith fue quien hizo popular la sonoridad del órgano Hammond, no solo en el mundo del jazz sino en diversos géneros. Es cierto que antes de él hubo otros nombres que apostaron por tal sonoridad, pero quienes lo precedieron perseguían remedar las grandes secciones de viento. Jimmy rompió con semejantes ataduras y buscó en el estilo de fraseo rápido del bebop, con modelos como los de Parker y Gillespie, una nueva forma de asumir la ejecución del órgano Hammond.
Nacido en una familia de madre y padre músicos (Norristown, Pennsylvania, 1925), en tal ambiente aprendió a tocar el piano de manera autodidacta. Cuando muy joven debuta como profesional, lo hace con agrupaciones de rhythm and blues. No es hasta 1953 cuando opta por el órgano Hammond B-3, modelo novedoso por la fecha y que a partir de entonces se convertiría —en buena medida gracias a Smith— en el más clásico de los fabricados por la famosa casa de instrumentos.
Radicado durante inicios de los 50 en Nueva York, en 1956 firma contrato con el sello Blue Note, compañía que editará sus discos hasta 1966. No se exagera al afirmar que desde las primeras grabaciones, el particular sonido que registró Jimmy atrajo tanto a especialistas como a los habituales consumidores de jazz.
Ya desde una grabación como A new sound, a new star, su repertorio se armaba con una explosiva mezcla de hard bop, blues, soul y funky. De la que se considera su etapa más original, hay que mencionar álbumes como Back at the chicken shack, The sermon, Home coockin & apos o Midnight special. Por esos años se hace acompañar por figuras como el trompetista Lee Morgan, el saxofonista Lou Donaldson, el batería Art Blakey o el guitarrista Kenny Burell. Con personalidades como las nombradas versiona piezas que fueron famosas en las interpretaciones de Charlie Parker, como Lover man. Porque Smith siempre valoró al genial saxofonista como su principal influencia a la hora de improvisar un solo.
En 1962 se da una transformación en el estilo interpretativo del organista. Ese año cambia de disquera y pasa a laborar para el sello Verve. Según consenso de la crítica, el que viene a ser un segundo período en su carrera, va a estar marcado por un enfoque más comercial. Así, apela al respaldo de grandes formaciones orquestales, a pesar de que en muchos de sus conciertos prosigue presentándose en plan de trío, acompañado por guitarra y batería. De la época también se destacan sus incursiones en bandas sonoras de películas, como son los casos de Goldfinger o Los insaciables, así como las grabaciones que realiza con el maestro de las frases octavadas, el extraordinario guitarrista Wes Montgomery.
En esta segunda etapa sobresalen en su producción fonográfica los álbumes The cat, Organ grinder swing, Peter and the wolf o Root sown; este último disco se distancia de las sesiones con fuertes masas sonoras como respaldo (orquestadas en su inmensa mayoría por el saxofonista y compositor Oliver Nelson) y anuncia lo que será el contenido fundamental de un tercer período en su trayectoria, desarrollado a partir de los 70 con disqueras californianas como Mojo, y que se va a caracterizar por un acercamiento a la música funk e, incluso, a veces por la renuncia al empleo de la famosa pedalera de bajos del órgano Hammond para incluir en su banda un bajista eléctrico.
Desde el verano del 2005 Jimmy Smith no está entre nosotros. Sin embargo, su música permanece viva en los numerosos discos grabados por él y de algún modo, la forma de tocar que impuso se multiplicó en organistas como los de soul-jazz, puestos de moda a fines de los 60. Su estilo tiene continuidad en los trabajos de figuras como Jack McDuff, Larry Young, Jimmy McGriff y Joey de Francesco, con quien hizo su última grabación, el álbum Legacy.

“Voy a asombrar a muchos con el increíble número de tonalidades del órgano Hammond antes de morir”, dijo en 1964 y la vida corroboró su vaticinio.

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"¿Jazz, rock, underground, clásico? Me niego a compartimentar los géneros. No es así como contemplo la música. Parto de una base completamente diferente. Cuando alguien que se considera aficionado al jazz me dice que ya no toco jazz, me quedo perplejo. Nunca decido qué tipo de música voy a tocar, sencillamente porque nunca he pensado que la música se divide en diferentes categorías. Además, ¿cómo es un aficionado al jazz? Por lo general, es alguien que siempre quiere oír los mismos viejos tópicos. ¿Por qué? ¿Acaso siempre lleva la misma ropa? ¿Sale siempre con la misma mujer? ¿Va siempre con la misma gente?"

Esto decía Miles Davis en 1971. Un año antes, había revolucionado y horrorizado al jazz con Bitches Brew, un álbum que proponía una verdadera ruptura con los cánones del jazz, a la vez que marcaba una apertura que enriquecería de allí en más un nuevo subgénero: el jazz-rock. Si bien Davis ya trabajaba su música a partir de instrumentos eléctricos y con una importante posproducción en sus dos álbumes anteriores, los exquisitos Filles de Kilimanjaro e In A silent Way, es con Bitches Brew con lo que la aventura se convierte en extensas improvisaciones sin destino definido. Pura ruptura. Un cambio radical con el cual el trompetista se ponía nuevamente un paso delante de sus contemporáneos. Mucho público del jazz lo abandonó por "venderse" al pop, y ganó un público mucho mayor: el del rock de esos años. Bitches Brew es el álbum más vendido en la historia del jazz. Para ese entonces, Davis ya se había acostumbrado a renovar (como mucho, cada dos años) la formación de sus bandas. En general, convocaba a músicos jóvenes en los que él adivinaba el talento ideal para poder darle forma musical a su imaginería. También había escuchado a Jimi Hendrix ("Miles Runs the Voodoo Down", es una suerte de homenaje al guitarrista), y estaba fascinado con el bajo eléctrico, los teclados, el piano Rodhes, la guitarra eléctrica y las facilidades que presentaban las por entonces nuevas técnicas de grabación.

El experimentado y reconocido trompetista ya había transitado todas las modas que se habían cruzado en su carrera: bebop, hardbop, cool, jazz eléctrico y diversas fusiones. (Lo seguiría haciendo las dos décadas siguientes hasta llegar al último álbum de su vida, Doo Bop (1991), en el que comenzó a coquetear con el hip hop.) El bienio 1969/70 es un hito en la búsqueda de nuevas formas expresivas. De hecho, el tema "Bitches Brew", de 26 minutos de duración, es lo más logrado en ese aspecto: no hay arreglo ni melodías ni ritmos bailables ni letras fáciles de retener. Todo es una confluencia de sensibilidades que a cada escucha obtiene reacciones distintas. Ese mismo año, 1970, participó en el Festival de la Isla de Wight. Tras una actuación de 38 minutos ininterrumpidos, al bajar del escenario le preguntaron cómo se llamaba esa música. "Llámala como quieras", dijo.

Había marcado el comienzo de un nuevo camino.

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