28 mar 2008

CARTA A MI COMANDANTE

Mi querido Comandante:
He llegado a Bs.As hace unas horas nomás.Vengo desde la Costa luego de unos cuantos días de viento y sol mezclados con arena oscura y gruesa,esa que raspa cuando uno se estira de panza a mirar el mar.Ese mar que como buen pedazo argentino cambia de un momento a otro,un día revuelto y furioso,al otro tan manso que parece una tela pintada.Y el viento,las más de las veces helado,castigando vaya a saber qué en nuestros cuerpos,algún pecado cometido en alguna otra vida seguramente.
El mar lo sabe todo y la playa lo espera con una paciencia infinita.Mientras el va y viene la playa va cambiando de forma,de colores,aparecen en ella piedritas y berberechos,restos de bichitos marinos,marcas de patas de gaviotas,pedacitos de algas moradas,palitos que vaya a saber de que costa serán.
Caminé por la playa buscando alguna imagen para captar y me vine con más de cien.Es que estos ojos se creen aún con derecho a la sorpresa y buscan sin cesar.Mientras las gaviotas oteaban el próximo cardumen yo las esperaba con la cámara en mano.Y así fue que al volver encontré aquella pinza,recordará Comandante que se la mostré como hacen los chicos que juegan en la playa y ahí fue que usted me señaló el lugar donde viven los cangrejos - Ahí entre las piedras esas hay un cangrejal - me dijo con los ojos entrecerrados mientras miraba mi hallazgo.
Así seguí animándome a caminar un poco más lejos cada vez pero al darme vuelta veía su figura más pequeña entonces eso me decidía a regresar con algún presente en mi bolsillo.Le volvía a mostrar esta vez un caracol y usted sonreía despacito y me decía -Ya no se encuentran cosas en la playa como antes - y recorría con la mirada de nuevo el horizonte pensando en vaya a saber que momento de su historia.
Así pasaron las tardes entre arena y viento,caricias y silencios.Y el mar yendo y viniendo trayendo con su gran lengua algún secreto incomprensible para nosotros.Vimos dos chicos con una caña durante toda una tarde,un barco pesquero que de tan chiquito se confundía con una piedra,vimos el sol caer en el medio de la tarde,un perro negro y morrudo queriendo morder las olas,a un bebé en pañal tratando de hacer la vertical.Sombrillas luchando contra el viento,gente con mate en mano hablando vaya a saber de qué.Y cuando cansados del frío decidíamos pegar la vuelta el café con leche humeaba entre nosotros.
¿Recuerda Comandante lo que le dije una noche mientras jugábamos a las cartas? Lo sencillo es lo que nos hace felices.
Y será esa misma sencillez la que me hace ahora escribirle mientras el cielo ruge rabioso y la lluvia salpica con gotas chiquitas mis manos en el teclado.Será que anoche mientras guardaba la ropa puse la tele y el pasado me dio un cachetazo en el medio de la cara.Es que vi gente corriendo de nuevo por la Plaza y no sé si fue un sueño o algo de sopor pero desperté sobresaltada pensando que habíamos perdido lo que tanto nos costó conseguir.-Patria o muerte -decía en el sueño y la carita de Eva en el balcón mientras el General llorando la abrazaba.
Me levanté a tomar jugo,Comandante y ahí recordé que horas antes había caminado con usted por aquella playa y así volví a dormirme buscando piedritas de colores y cuerpitos de cangrejos picoteados por las gaviotas mientras su sonrisa acompañaba mis pisadas.
Es que de vez en cuando me pierdo Comandante,ya lo sabe.Así como ya sabe sobre mis dolores y mis miserias,mis fracasos y mis sueños.
Por eso le escribo y por ese miedo que anoche me tocó la espalda mientras veía las imágenes sin sonido en mi televisor y pensaba que solo matándome podrían volver a quitarme lo que conseguimos.Rastros de nuestra historia,heridas francas que todavía laten por dentro pasadas pocas horas de un nuevo aniversario de la gran derrota sufrida.Como decía algún artículo,los que nos quedamos,los exiliados en nuestra propia patria sufrimos pesadillas y nos cuesta dormir,y esto último lo agrego yo Comandante porque le aseguro que es así.
Pero ya dejo de cansarlo con mis lamentos y pesares déjeme que corra de nuevo a la playa que seguramente hallaré algún otro presente para entregárselo en mano y así poder ver de nuevo su sonrisa.


Calíope - Marzo 2008

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